22 Mar

Día Mundial del Agua

El agua es un recurso muy utilizado, pero no lo suficientemente valorado. En algunas zonas del mundo en las que escasea es un bien tan valioso como lo puede ser en el mundo occidental el petróleo o los diamantes. Porque, el agua que utilizamos a diario, no es sólo la que gastamos al beber, ducharnos, cocinar o limpiar. Todos los productos con los que nos encontramos en nuestro día a día han necesitado grandes cantidades de agua para su fabricación. Os preguntaréis por qué hoy hablamos de este tema en nuestro blog, y es que estamos de celebración, pues hoy es el Día Mundial del Agua, y qué mejor día para hablar de algunas curiosidades y concienciarnos un poco más en este tema. Esto también es ACTITUD.

Investigando un poco sobre el tema de ahorro de agua y cómo aprovechar más este recurso tan preciado, he encontrado un concepto nuevo para mí, la huella hídrica. Esta es un indicador medioambiental que define el volumen de agua que necesitamos para producir los productos y los servicios que consumimos casi a diario sin darnos cuenta de lo que en realidad cuestan. Muchos países la usan desde hace unos años para generar conciencia de cómo se utiliza este recurso y ayudar a la gente a tomar decisiones y evitar que se derroche. Aunque cada persona tiene su propia huella hídrica, en los procesos de elaboración de productos no sólo se contabiliza el uso doméstico del agua, sino también el agrícola, industrial, etcétera. Por eso mismo la huella hídrica puede dividirse en tres partes:

  • Huella azul: es el volumen de agua consumida por la incorporación o evaporación en el proceso productivo.
  • Huella verde: está relacionada con el agua de lluvia que lleva incorporado un producto.
  • Huella gris: es el volumen de agua dulce utilizado para diluir los contaminantes de la misma hasta que la cantidad del agua esté sobre los estándares aceptables de calidad ambiental.

Investigadores de las más prestigiosas universidades del mundo elaboraron gracias a esta información un informe para demostrar que consumimos más agua de la imaginada en un solo día. En la siguiente tabla podrás hacer tus propios cálculos y ver que ya estás consumiendo agua sin encender ni siquiera el grifo.

Para despedirme, un consejo:

Toma conciencia e intenta ahorrar agua en todos los ámbitos cotidianos en los que te sea posible ya que, como puedes ver en la tabla, todas las industrias y empresas la están gastando por nosotros.

 

Redactado por María Arnaldo

27 Feb

Actitud vs. aptitud (II)

www.lifeder.com

A pesar de que este tema se ha tocado varias veces en los últimos meses en este blog, me apetecía recordar, teniendo tan cercano el día del evento, qué es ACTITUD para mí y qué diferencia hay entre aptitud y ACTITUD. Este va a ser el eje central de todas las ponencias por lo que conviene traerse una reflexión sobre esto al evento.

Una definición sencilla de qué es la actitud (con “c”) podría ser nuestros modos de actuar o ver el mundo. Aptitud sería todo lo aprendido durante una vida, es decir, todos los conocimientos y destrezas adquiridas.

Llevado por ejemplo al ámbito laboral, ¿qué pasa si tienes muchas aptitudes, pero tu actitud no es la que debería ser? ¿Es suficiente con tener un CV espectacular? Si tienes las destrezas pero no posees una actitud adecuada, es difícil lograr un hueco en el mundo laboral.

Por eso podemos decir que una actitud positiva no sólo nos ayuda en el ámbito laboral, sino que en lo personal es un pilar básico para lograr la FELICIDAD.

Todos los días deberíamos orientar nuestra actitud hacia el lado positivo, buscar siempre la motivación para intentar ver la parte positiva de lo que te está pasando, porque existe, aunque en muchas ocasiones parezca que sea imposible. En realidad, excepto las cosas irreparables, todo tiene una parte positiva y sólo hay que esforzarse en verla. Por ejemplo, volviendo al mercado de trabajo, ¿no puede ser la pérdida del trabajo una oportunidad para seguir formándote?, ¿no podrá significar encontrar algo mejor y donde te sientas más valorado?

En definitiva, el camino hacia la felicidad debe comenzar por uno mismo. Y por supuesto, la actitud es una pieza clave.

 

Redactado por María Arnaldo

15 Feb

Y tú, ¿qué comes?

Desde hace varios años tengo la suerte de formar parte de la Asociación Española contra el Cáncer. A través de ellos, no hace mucho, pude asistir a una charla llamada “alimentación anti-cáncer” que daba la especialista en el tema Sonia Oceransky.  Siempre he tenido bastante contacto con la industria de la alimentación y, además, el año pasado conocí a una persona que me contó cómo funcionan los invernaderos en el sur de España. Todas estas cosas juntas me hicieron empezar a reflexionar sobre la alimentación, lo que estamos comiendo y, sobre todo, qué soluciones podía buscar para mejorar mi calidad de vida a través de la comida. Decidí cambiar mi ACTITUD, y empezar a informarme y leer sobre el tema para saber qué es lo que, de verdad, debería ser una buena alimentación.

Con esta entrada del blog no quiero, ni mucho menos, hablar de dietas ni de nutrición, ya que no me dedico a ello, sino que simplemente quiero contaros algunas cosas que probablemente os sorprenderán.

La fruta y la verdura que consumimos y compramos en los supermercados está creada casi en masa, alimentada a base de un montón de pesticidas, hormonas o antibióticos. ¿Son malas? No quiero decir que lo sean, pero sí que es mucho mejor consumir aquellas ecológicas, de una agricultura controlada y eficiente. Cuando vamos a un supermercado, toda la fruta y la verdura tiene un color antinatural, con brillos, ¿es eso normal? Claro que no, es puro marketing, hoy en día compramos con los ojos y por eso la fruta que consumimos lleva todo tipo de añadidos para que cambie su color y textura. No os podéis imaginar las toneladas de fruta y verdura que se tiran al año por que no son estéticas o no tienen la forma que quieren los supermercados.

Mucha gente me dice que todo lo ecológico es más caro y que por eso no lo compran, pero retomando la entrada del blog de mi compañero Daniel Rodríguez Rodero, hay que estudiar cuántos recursos dedicas a cada cosa. Con cinco euros más que una compra convencional a la semana puedes proveerte de productos ecológicos. ¿Es eso caro? Yo creo que es cuestión de prioridades, pero es algo sobre lo que deberíamos empezar a reflexionar. Relacionado con las frutas y verduras también me gustaría comentaros que no hay que hacer caso de las modas, como las de los tan conocidos “zumos détox”. Los zumos de licuadora eliminan toda la fibra de las frutas y verduras, por lo que es igual que si estuvieses tomando agua con azúcar (fructosa). Los smoothies son mucho más sanos ya que llevan toda la fibra y vitaminas, así que cómprate una batidora si no la tienes y desayuna un batido multifrutas, ¡no hay nada mejor!

Otra de las cosas que más me llamó la atención de todo lo que me contaron y leí fue el tema de los cereales integrales. Siempre había pensado que eran simplemente la variante de “dieta” de la pasta normal o el arroz blanco de toda la vida, pero me equivocaba. El pan blanco por ejemplo se elabora con harinas refinadas, a las que se les ha eliminado gran parte del salvado, por ello, aunque sigue aportando una cantidad elevada de almidón, contiene menos fibra y micronutrientes que se pierden con el grano no utilizado. De esta forma, la principal diferencia entre el pan blanco y el integral es la cantidad de fibra y micronutrientes que contienen, que son superiores en el pan integral, ya que la cantidad de calorías aportadas por ambos tipos es muy similar. Lo mismo sucede con el arroz, la pasta u otros cereales refinados, que se les quita parte de su composición y dejan de ser tan beneficiosos para la salud como los integrales.

A pesar de esto, soy una persona que ama la gastronomía y la vida social, creo que la alimentación saludable y el salir a comer o a cenar es compatible siempre y cuando respetes algunas pautas el resto del tiempo.  Creo que si empezamos poco a poco por cambiar lo normal por lo ecológico y lo refinado por lo integral habremos dado un gran paso hacia la alimentación consciente y “saludable”.

Antes de despedirme, me gustaría recomendaros el libro “Mi dieta cojea” de Aitor Sánchez, que ha sido best-seller durante las navidades y que tanto me ha inspirado. Por otro lado, a los que sois de Asturias, comentaros que Sonia Oceransky tiene una escuela de cocina macrobiótica, además de consulta y talleres de alimentación.

Os dejo con esta cita de Hipócrates que me encanta:

“Nuestra comida debería ser nuestra medicina y nuestra medicina debería ser nuestra comida”

 

Redactado por María Arnaldo.

13 Feb

Rompe las reglas y conviértete en Kathrine Switzer

Vivimos en tiempos de culto al cuerpo, de la vida fitness y de exponer nuestra healthy lifestyle en cualquier foro o red social para demostrar que concordamos con una sociedad preocupada por unos cánones de belleza que se alejan de aquellas siete cabezas que instauraban los antiguos griegos y que tantas veces dibujé en mis clases de arte. En tiempos donde el atletismo recibe el nombre de running poco nos acordamos de personas que dieron verdadero sentido a un deporte o estilo de vida que a fin de cuentas significa libertad.

Kathrine Switzer tiene una historia rápida de contar, tan rápido como ella corre. Desde temprana edad, siendo su padre el principal motivador recorría cada tarde una milla. Al llegar a la universidad, Kathrine tenía unas metas más ambiciosas, correr una maratón. Desafiando a su entrenador demostró que 42 km no eran nada para ella y en un primer entrenamiento batió 49 km en tiempo récord. De acuerdo con el reglamento nada impedía que una mujer participase en tal prueba y así fue como consiguió un dorsal que pasaría a la historia (el 261), y que contaría con sus iniciales, hecho que no hizo despertar las sospechas de los organizadores. Kathrine inició la carrera el 19 de abril de 1967 y uno de los comisarios (Jack Semple) no daba crédito de ello y quiso tomar cartas en el asunto.

 

Para la historia, quedarán las imágenes de Semple corriendo detrás de Kathrine antes de que su novio empujara al hombre para dejarla correr, lo único que ella quería hacer. Paró el cronómetro en 4 horas y 20 minutos pero fue descalificada. Aquel fue el punto de partida de Kathrine que trabajó activamente en la igualdad de las mujeres en las carreras populares. Lo cierto, es que Kathrine nunca se conformó y su historia no acabó siendo la de la primera mujer en hacer una maratón, sino que fue un pequeño paso de una larga carrera.

Romper con lo establecido, apostar por cambiar el mundo o luchar por un sueño debe ser siempre motivo de sentirse orgulloso y ser un ejemplo. En definitiva, querer es poder, desafiar a tu entorno no es difícil si contamos con una constante que deberíamos tener siempre presente aunque de vez en cuando se nos olvide, la ACTITUD.

Redactado por Lara Iglesias

06 Feb

Reflejos

 

“-Dios mío, Claudia. Estás guapísima – sonreí y abracé a mi mejor amiga. Ignoré, como siempre, esa punzada en el estómago que notaba, ligera, de vez en cuando, y seguimos hablando de lo que nos había ocurrido esa semana, mientras disfrutábamos de un café con leche en uno de nuestros rincones favoritos.

Volví a casa, como siempre, bombardeando mi mente con información. Fijándome en cada detalle, en cada reflejo, en cada charco, y en cada mirada de las personas que me cruzaba por la calle. También me dio tiempo a analizar las dos horas que había pasado charlando con Claudia. Era increíble lo guapa que estaba. Volví a notar la punzada en mi estómago, pero esta vez fui consciente de ella. Fruncí el ceño. ¿Me habría sentado algo mal?

Sacudí la cabeza y seguí caminando hasta llegar al paso de cebra. Mi pelo se revolvía inquieto cuando un coche pasaba demasiado deprisa. Me giré para colocármelo detrás de la oreja, y de reojo observé mi reflejo en la cristalera de la tienda de ultramarinos que se ubicaba al lado del paso de cebra donde me encontraba. Aparté rápidamente la mirada. El semáforo se puso en verde y crucé veloz. Tenía muchas ganas de llegar a mi casa y descansar. El día había sido largo.

Llegué a casa y saboreé el calor que me recibió al entrar.  Era uno de esos pequeños placeres, como el de ver la lluvia caer desde el sofá de tu casa mientras bebes una taza de café o de chocolate caliente… Me quité las botas y las guardé en el armario de entrada. Entré en mi habitación y comencé a desvestirme. Deslicé el jersey de lana por mis brazos y cabeza, y luego hice lo mismo con el pantalón, agachándome para recogerlo del suelo.

Reparé entonces en un movimiento a mi izquierda. Me giré para contemplar mi reflejo. Involuntariamente cerré los ojos y apreté los puños, pero me obligué a abrirlos. Notaba mi respiración algo más agitada de lo normal, al tiempo que iba recorriendo lentamente mi cuerpo con la mirada. Cuando llegué a mi rostro, me asusté. La mujer que me miraba al otro lado del espejo tenía una mueca amarga en la que se podía entrever cierto desprecio. Mis ojos, más abiertos de lo normal, parecía que hubieran visto una gran evidencia, o contemplado un crimen.

Respiré hondo y volví a mirarme a los ojos, pero esta vez sólo encontré ira en ellos. Lo entendí, por fin, todo.

– No puedo hacer que me quieras ahora mismo – le dije a mi reflejo – pero ten por seguro que la próxima vez que me mires, me querrás más – toqué el espejo, a la altura de mi mejilla derecha, con las yemas de mis dedos – Cada minuto, cada hora, cada día… – sonreí de verdad, por primera vez ese día – …un poquito más.

– ¿Con quién hablas? – la voz masculina de mi marido me sobresaltó y me llevé la mano al pecho. Él comenzó a reírse, y luego puso una mirada pícara y se acercó a mí, agarrándome por la cintura – Me gusta cuando me das estos recibimientos… – me miró entera, haciendo referencia a mi cuasi-desnudez.

– Eres idiota, casi me matas del susto – le besé con una media sonrisa en los labios.

– Anda, calla, preciosa – me cogió en brazos y me tiró en la cama, junto a él. Y en su mirada lo vi. Vi el amor que yo también quería encontrar cada mañana, cada tarde y cada noche cuando me mirase al espejo. Le sonreí con dulzura y le besé, sintiéndome feliz y afortunada, y deseando comenzar el reto que tenía por delante.”

09 Ene

Érase una vez, hace diez años…

El 9 de enero del 2007, hace exactamente diez años, comenzó una nueva era. ¿Quién nos iba a decir a los amantes de las blackberry o a los usuarios de un ladrillo por móvil que diez años más tarde casi todo el mundo tendría un smartphone?

¿Smartphone? ¡¿Qué es eso?! ¿Acaso teníamos idea alguna de lo que se nos venía encima?

Pantallas táctiles

Música, internet y llamadas en un solo dispositivo

Cámaras con buena resolución

Imágenes que se pueden ampliar con un solo gesto de dedos

Diseño sencillo y elegante

Y un larguísimo etcétera. El iPhone marcó un antes y un después en la usabilidad de los teléfonos móviles. Hayas tenido o no un iPhone a lo largo de tu vida, ten por seguro que tu smartphone actual ha adquirido características del iPhone. Cada vez los smartphones son más sencillos, con pantallas más grandes, menos botones, con interfaces de usuario más sencillas y elegantes…

Hay gente que ama Apple, sus dispositivos y su sistema operativo. Otros, en cambio, lo odian. Es normal, en la variedad está el gusto, no tiene que tener todo el mundo la misma opinión. Sin embargo, no podemos negar que, sea cual sea, de la marca que sea, el smartphone que tienes entre tus manos, en tu bolsillo/bolso o encima de tu mesilla de noche en este preciso instante, éste no hubiera sido el mismo si aquel 9 de enero de 2007 Steve Jobs no hubiera presentado el iPhone.

¿Quién hubiera pensado hace diez años que tanta gente se gastase cientos y cientos de euros en un smartphone? ¿Que estuviéramos dispuestos a gastar tanto dinero en un dispositivo móvil?

Para quien no haya visto la presentación, dejo el video aquí para que podáis echarle un vistazo:

¿Cómo creéis que sería nuestra manera de comunicarnos hoy en día si no hubiera existido el iPhone? ¿Creéis que utilizaríamos Whatsapp, Facebook, Instagram y demás aplicaciones tal y como hacemos ahora? ¿Creéis que existirían dichas aplicaciones para móviles?

El iPhone fue el sueño y obra de un visionario, de una persona que luchó siempre por destacar, por ser diferente, por ofrecer al mundo un sueño y que el mundo entendiese su objetivo.

¿Cuál es tu sueño?

04 Ene

¿Sincero o sincericida?

La sinceridad es algo que casi todos valoramos en las personas que nos rodean. Decimos y/o escuchamos continuamente frases como “yo lo que más valoro de una amistad es la confianza y la sinceridad”, o “me contaron lo que iba diciendo de mí, es una falsa”, por poner un ejemplo.

Pero ¿qué es la sinceridad? ¿Cómo tiene que ser o actuar una persona para ser considerada “sincera” hoy en día?

Actualmente la sociedad considera sincera a una persona que dice todo lo que piensa, sin filtros, sin morderse la lengua, sea para bien o para mal. Sin pensar en las consecuencias. Sin pensar en el que recibe esas palabras. Estas personas, además, se distinguen porque de vez en cuando acompañan toda la retahíla de su discurso con un broche dorado en forma de frase:

“Te lo digo por tu bien”

(¡Oh! ¿Sí? ¿Me lo dices por mi bien? Qué curioso, porque ahora estoy hecha una m****a y antes de que me dijeras nada, ¡no!)

La persona que recibe toda esa “sinceridad” muchas veces queda “hecha polvo”, con el ánimo por los suelos y totalmente desmotivada. Pero eso no es lo peor de todo: para colmo, hay que agradecerle a ese amigo, familiar o conocido “sincero” sus palabras, ya que te las dice con la mejor intención del mundo, por tu bien…

Hoy en día, afortunadamente, cada vez más se está haciendo hincapié en la diferencia entre sinceridad y sincericidio, entre ser sincero y ser sincericida. Es importante que todos interioricemos esta distinción, que reflexionemos sobre ella.

Sincericidio es expresar tu opinión sobre algo libremente, sin tapujos, a menudo sin que te pidan realmente tu opinión, y sobre todo sin tener en cuenta la reacción que provocarán tus palabras en la persona que las recibe.

Sinceridad es no decir algo que no piensas o sientes, es no mentir, es expresar tu opinión cuando te la piden, pero teniendo en cuenta a la persona que tienes enfrente, sus sentimientos y su posible reacción.

El problema está en que mucha gente considera que ser sincero es ser sincericida, y todo lo que se distancie de eso es ser una persona falsa.

Subestimamos el poder y el valor de las palabras. A menudo escupimos palabras sin pensar, sin reflexionar en la repercusión que estas pueden tener en los demás. Por tanto, para mí una persona que se acerca a otra y le dice “pues sí que has engordado desde que nos vimos la última vez, ¿eh?”, es un sincericida. La conocida del pueblo que le dice a una madre que camina con su hijo “vaya cómo tiene la cara tu hijo, ¡cuántos granos!” es una sincericida. El abuelo que le dice a una de sus nietas “deberías estudiar más para sacar las notas que sacan tus primos” es un sincericida. Personalmente, me ofende que a estas personas se las llame “sinceras” y encima se les tenga que dar las gracias.

Las cosas se pueden decir de muchas maneras, y no sólo a bocajarro. Hay cosas que tienen que ser dichas, sí, por el bien de un amigo, un hijo, un padre, un hermano… Pero pueden ser dichas con cuidado, tratando de no dañar al otro, siendo empático, hablando con cariño.

Y, por otro lado, hay cosas que no merecen la pena ser dichas. No es insincero quedárselas para uno mismo, si tu intuición o tu cabeza te dicen que esas palabras no van a ningún lado. Tampoco es egoísta reservarte algunas opiniones para ti: egoísta es contar que puede hacer daño a la otra persona por el simple hecho de aliviar tu conciencia, para compartir la carga, para no sentirte insincero o “falso”.

Este 2017 intentemos ser más conscientes de nuestras palabras, de su repercusión, y de los destinatarios de éstas. Cambiemos de ACTITUD. Intentemos ser sinceros y no sincericidas. Tratemos de ser menos egoístas, y aprender que, a veces, el silencio es más conveniente que unas palabras mal dichas.

01 Ene

Maravillas del mundo rural

En este primer día de 2017, año nuevo que comienza con todos cargados de ilusiones, esperanzas y propósitos, quería dejaros una preciosa reflexión de nuestra compañera María.

Feliz año nuevo a todos y todas, esperamos que los siguientes 365 días estén cargados de momentos de calidad, de risas, de emociones, de salud y de mucho amor. ¡Ah! Que no se nos olvide…y de ACTITUD.

Vivir en el campo es una cuestión de actitud. De actitud positiva hacia el mundo rural con todas sus dificultades, hacia la naturaleza, hacia la vida en definitiva.

La vida en el campo no es fácil. Hay que trabajar duro en todas las estaciones. No existen vacaciones ni días libres. Pero tiene tan grandes compensaciones que resulta difícil asimilar que hoy nuestras pequeñas aldeas se estén quedando despobladas con la de atractivos que puede ofrecer la existencia en ellas.

Vivir en el campo es estar en contacto con la naturaleza permanentemente. Y en el caso de nuestra Asturias con una naturaleza privilegiada, exuberante, pródiga. Además una naturaleza en permanente cambio. No existen dos días iguales en el campo. El verde de los prados y árboles de hoy ya no es exactamente del mismo tono que era ayer, ni que, por supuesto, lo será mañana. Y no solo es cuestión de tonalidades. Son aromas, aire fresco y puro, sonidos…

Uno de los inconvenientes de muchos puestos de trabajo en nuestra sociedad industrial, o mejor dicho postindustrial, es la monotonía. La repetición desmotivadora y cansina. Esto no ocurre con el trabajo del campo ya que este es absolutamente cambiante. Cada época del año tiene sus tareas distintas. La primavera con las siembras, el verano con las recolecciones, el otoño con la recogida de frutos y el invierno, la época de menor trabajo, se aprovecha para aquellas cosas que no se pudieron hacer durante las otras épocas y también para el descanso porque el cuerpo necesita acumular energía para la primavera siguiente.

Son las aldeas de nuestra tierra lugares muy poco poblados en la actualidad pero eso no significa que la gente se sienta sola en ellas. La soledad no es un problema de número de personas que nos rodean sino de interacción o relaciones entre ellas. Y en los pueblos la gente interactúa y se relaciona. El anciano que vive solo en la aldea vive menos solo que en la ciudad porque sus vecinos siempre van a estar pendientes de él. De mirar cada día si abrió la contraventana, si la chimenea echa humo, en fin, si da señales de vida. Y si no las hay, en seguida irán a comprobar que está bien, que no necesita nada. Es impensable en un pueblo cruzarse con un vecino y no parar unos minutos a hablar. Las puertas exteriores de las casas siempre están abiertas durante el día en nuestras aldeas de manera que en repetidas ocasiones alguien se asomará a preguntar algo, a comentar algo o a que le ofrezcamos un rato de café y charla.

En el pueblo hay más espacio, más tiempo, más vida sana, mejores relaciones, más calidad en definitiva. ¿Todo es de color de rosa? ¿Existen los problemas y los inconvenientes? Es probable que sí. Si no existieran, no sería un lugar real. Pero como se trata de una cuestión de actitud y mi actitud es favorable a este mundo rural nuestro, me quedo con lo positivo. Ojalá nuestras aldeas tengan futuro, el futuro que se merecen como lugares maravillosos que son. Es mi mayor deseo.

Redactado por María Arnaldo

22 Dic

Attitude problem?

El post anterior nos hizo ver la línea que separa la aptitud de la actitud, y la importancia de ésta última a la hora de enfrentarnos a la vida. El objetivo de esta nueva entrada es continuar recalcando este fuerte mensaje.

Hoy vengo a hablaros de un ponente TEDx, Victor Küppers, que creo que define a la perfección lo que es la actitud, nuestro lema de este año. El video que podéis ver a continuación se trata de una de sus charlas más famosas, realizada en TEDxAndorralaVella en marzo de 2015. Antes de comentar su punto de vista sobre el tema, creo que lo mejor es que le echéis un vistazo por vosotros mismos… ¡Dentro video!

Viendo este video nos percatamos de que no siempre llevamos nuestra bombilla cargada de energía. A lo largo de la vida aparecen sentimientos como el desánimo, ciertas circunstancias o experiencias turbulentas que poco a poco van haciendo que nuestra bombilla pierda luminosidad o, incluso, se funda del todo.

Sin embargo, no podemos permitirnos el lujo de quedarnos en la oscuridad. Como bien dijo Victor:

 “Las cosas son como son, no como nos gustaría que fueran. Nosotros no tenemos la baraja. Dios baraja y reparte. Y a nosotros nos caen… sí. Pero nosotros jugamos y la grandeza se demuestra jugando. Eso es lo que separa a los grandes de los mediocres. Nunca podremos hacer nada para cambiar las circunstancias. Nunca podremos devolver las cartas, nunca. Ahora, siempre, podemos elegir nuestra actitud. Esa es la última libertad que tenemos los seres humanos.”

Eso está claro, no elegimos nuestras cartas y muchas veces la mano que nos toca nos dificulta el juego o nos hace ver la partida perdida. Pero aun así, está en nosotros la decisión de cómo jugarlas. Si tirar la toalla en la primera ronda o poner el esfuerzo suficiente para seguir y ganar.

Y es aquí donde quiero hacer un guiño al lema de nuestra edición pasada, “Change from the inside”. Porque vale… puede que al principio estés alicaído, puede que incluso no veas ni una chispa de luz en tu bombilla, pero siempre llega un momento en nuestras vidas que hace que prenda. Algo que hace que esta chispa se expanda inundando todo tu ser y llegando al exterior, dándole las fuerzas necesarias para dejar el negativismo y comenzar a cambiar tu vida.

Estoy convencida de que esa chispa viene de dentro, de un cambio interno que se desea comenzar. La clave está en mirar dentro de nosotros mismos, conocernos y encontrar una ilusión o sueño que perseguir. Porque si por algo se caracteriza el ser humano, es por su perseverancia cuando tiene una meta a la que aspirar.

Ahora que estamos en unas fechas tan señaladas, propongo que te fijes en todas las luces de colores que visten tu ciudad. Y que, al admirarlas, recuerdes la palabra ACTITUD mientras te preguntas: ¿qué cambio de actitud puedo hacer para que mi bombilla brille más?

El gran descubrimiento de mi generación es que un ser humano puede alterar su vida al alterar sus actitudes” – William James

 

Redactado por Carlota Braña

20 Dic

Actitud vs Aptitud

Es curioso cómo una pequeña letra dentro de una palabra puede cambiar el significado de ésta por completo.  Cómo dos palabras casi homónimas pueden dar lugar a definiciones tan diferentes. Y sobre todo, cómo una de ellas (al menos en mi humilde opinión) tiene el poder para producir cambios enormes en las personas.

La primera de ellas es “aptitud” y, aunque supongo que todos conoceréis su definición, nunca está de más explicarla de nuevo. Aptitud es el talento o talentos que tiene una persona, sus habilidades. Sin embargo, de poco sirven éstas si no tienes la motivación suficiente para ponerlas en marcha.

Es ahí donde aparece, y si me permitís decirlo por la puerta grande, la segunda palabra: “actitud”. Ésta es el temperamento, las ganas que le ponemos a cualquier trabajo o experiencia en nuestras vidas.

En este mundo en el que vivimos se le suele dar prioridad a las aptitudes que posee una persona, y en muchas ocasiones la actitud de la que disponen suele quedar relegada a una segunda posición o incluso ser insignificante.

Pongamos el ejemplo de una entrevista de trabajo: antes de nada, miran tu currículum para saber los títulos de los que dispones, para saber en qué eres hábil, tus capacidades. Y son pocos los que se dan cuenta de que, por muchos títulos que tengas, lo primordial en un trabajo es la disposición que tengas para él.

Es como si un médico de familia que sigue día a día a sus pacientes y al cual le confían sus temores y dudas fuera rápido en sus diagnósticos pero careciera de empatía. O un empresario que tuviera másteres por grandes universidades fuera incapaz de trabajar en equipo o no pusiera interés porque simplemente está desmotivado.

Creo que aunque la aptitud es una parte importante a la hora de enfrentarse a la vida, es la actitud la que marca realmente la diferencia. Porque aunque a veces no dispongamos de habilidades innatas para algo, siempre podemos tener una actitud que nos anime a trabajar duro para conseguirlas. Y como suele decirse, el verdadero esfuerzo tiene su recompensa.

¿Y tú qué eliges?, ¿la “p” o la “c”?

Las actitudes son contagiosas. ¿Merece la pena contagiarse de la tuya? (Dennis y Wendy Mannering)

 

Redactado por Sara Arrutia

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